COLECCIÓN ARTE AFRICANO EN VENTA

 

Manuel Gala, nacido en Guinea Ecuatorial, académico de alto prestigio, ha sido Rector-Presidente durante diecinueve años de la Universidad de Alcalá, primera Universidad en el mundo declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Experto en arte etnico ha sido pionero en la introducción del coleccionismo del arte africano en España y ha actuado como controlador de autenticidad en las mayores exposiciones de anticuarios de Madrid.


Su colección de arte africano ha sido construida durante más de cuarenta años tanto en Europa como especialmente en sus numerosos viajes a más de cuarenta paises sub- saharianos. Como consecuencia, sus más de trescientas piezas obedecen a un mismo criterio de exigencia estética y de rigor de autenticidad.

 

AFRICAN ART COLLECTION FOR SALE

 

Manuel Gala, born in Equatorial Guinea (West Africa), is a renowned university professor. He held the position of Chancellor of the University of Alcala for nineteen years. Under his tenure Alcala became the first University worldwide to become a UNESCO World Heritage Site. He is an expert on ethnic art, and is one of the pioneer collectors of African Art in Spain. He provides authentication consultation services at Madrid’s main antique dealers’ fairs.

Mr. Gala has collected over three hundred African art objects over the course of forty years. With the exception of some items bought in Europe, he purchased the bulk of his collection through numerous travels to more than forty Sub-Saharan countries, resulting in a collection meeting rigorous esthetic and authenticity standards.

Contact Spain: martagala@hotmail.com Contact USA: davidafricanus@yahoo.com
 

 

EX-RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES, HA ATESORADO A LO LARGO DE SU VIDA MÁS DE 300 PIEZAS DEL CONTINENTE AFRICANO. DESCUBRIR EL ARTE INICIA CON ÉL UNA SERIE SOBRE GRANDES COLECCIONES DESCONOCIDAS

Muchas de las obras las ha adquirido en casas de subastas o anticuarios: “Ahora los principales lugares para adquirir arte africano son París o Bélgica, que han desbancado a Londres. Nueva York también tiene grandes anticuarios e importantes coleccionistas que están haciendo nuevos museos de arte africano”. También ha encontrado piezas valiosas en anticuarios de España, como “una escultura perteneciente a los Bari (este de África), una etnia que desapareció alrededor de 1890, por lo que esta pieza es anterior a esa fecha, y curiosamente la compré en Andalucía a un anticuario, casi más un chamarilero”. Sobre las peculiaridades del mercado de obras de arte africanas, Manuel Gala destaca un hecho relevante y definitorio de la visión de corte colonialista

que todavía impera en la valoración de las piezas: “En Occidente lo que se valora es el pedigrí de una obra, que se establece desde su llegada a Europa o Norteamérica, no por cuándo o por quién fue realizada en África, y el precio se establece en función de la ‘documentación occidental ' que posee”.

Según va comentando el origen y la procedencia de cada una de las piezas, sus palabras van tejiendo una explicación general que se convierte en una clase magistral: “El arte africano se encuentra íntimamente relacionado con la vida social y religiosa;

Los mitos, los rituales y las ceremonias se reflejan en las diferentes manifestaciones artísticas.

En África hay miles de etnias diferenciadas –Fang, Dogón, Chamba, Yoruba, Tchokwe–, y cada una de ellas tiene sus cánones o sus estilos, que en muchos casos tienen una continuidad estilística en el tiempo”.

 

RECUPERAR LA CULTURA

“Otro elemento característico –prosigue– es la funcionalidad; por ejemplo, el taburete, el reposanucas o las ruecas para el telar han producido piezas increíbles. En contra de lo que se cree, también ha habido en África un estilo cortesano –existieron pequeñas cortes o imperios en los siglos XIII-XIV–, al que pertenece un tambor que adquirí al principio de comenzar esta colección, y que está perfectamente datado y auntentificado y es el único que yo sepa que ha salido de la Corte Foumban en Camerún”.

Un tema polémico es el expolio de obras de arte y el hecho de que en África no haya apenas museos de su propio arte. “El expolio es un tema común a todos las artes, como el caso del Partenón griego y el pleito con Londres, pero en el caso africano, cuando se ha devuelto una pieza a su lugar de origen casi siempre ha vuelto a desaparecer. Por ejemplo, en EE UU, hace unos diez años, apareció una pieza muy importante para Camerún, una especie de sillón o trono con la figura del oba, y se publicó un artículo en la prensa sobre la conveniencia de su devolución. Finalmente se devolvió, pero a los pocos meses estaba otra vez en el circuito de ventas. Si Guinea Ecuatorial hiciese un museo yo les ayudaría porque hay que recuperar la identidad cultural africana, que los africanos la conozcan y la valoren. Creo que Europa tiene una responsabilidad con África, devolverles la cultura, pero su propia cultura, no la nuestra”.

Cara al futuro, le preguntamos si piensa prestar su colección para alguna exposición o si ha pensado en donarla a alguna institución, como hizo la Fundación Alberto Jiménez-Arellano que donó las piezas de arte africano a la Universidad de Valladolid: “Creo que terminaré vendiendo la colección, y me gustaría que fuese en su conjunto. No ha habido en España ni interés, ni aprecio por el arte llamado periférico. Los grandes coleccionistas prefieren el arte contemporáneo, de gran formato y de dudosa inversión a largo plazo”.

Las razones que impulsan a los seres humanos hacia el coleccionismo han sido, y siguen siendo, un tema de debate al que todas las grandes corrientes de la psicología, desde el funcionalismo al psicoanálisis o el constructivismo, han tratado de dar respuesta. Como afirma Yvette Sánchez, en Coleccionismo y literatura, esta relación particular con los objetos “es tan antigua como el arte (...). Ya los faraones egipcios se enterraban con sus colecciones. Los romanos y los alejandrinos también fueron grandes coleccionistas, y el cristianismo medieval fomentó la acumulación de reliquias y manuscritos. En los siglos posteriores siguió la práctica del coleccionismo por parte de algunos reyes, nobles y artistas, gracias a los cuales se formó la mayoría de los museos”.

En cualquier caso, ya sea por el placer estético, la consecución de beneficios, el afán de realización personal o porque se encuentra en la propia naturaleza social del ser humano, lo cierto es que Manuel Gala (Santa Isabel, actual Malabo, Guinea Ecuatorial, 1938), cuando se le pregunta por qué alguien que es licenciado en Ciencias Económicas y Derecho, materias que parecen tan alejadas del arte, empezó a coleccionar arte africano, antepone el componente emocional, la atracción que siente por este tipo de arte y su valor como expresión primigenia: “África es el origen, y el origen tiene una fuerza siempre trascendental, aunque en Occidente no siempre sepamos valorarlo. Por ejemplo, entre una laca asiática, que es muy bella, y el cuatro ojos –señala una escultura en madera–, la fuerza de la pieza africana es indiscutible.

El arte africano tiene una potencia extraordinaria, y eso es algo que me atrae mucho”.

 

Aunque su trayectoria profesional como profesor universitario se ha desarrollado entre Europa y Estados Unidos, el vínculo de Manuel Gala con África, más allá de su nacimiento, ha sido permanente. Sus múltiples viajes le han permitido conocer el continente en su práctica totalidad, y fue precisamente en el transcurso de uno de ellos cuando nació en él la atracción: “Todo comenzó en 1968, durante un viaje por Camerún, en un mercado de réplicas, lo que llamamos arte de aeropuerto o para turistas. Había un vendedor con cinco máscaras en el suelo, iguales o muy parecidas a las que vendían el resto de puestos, pero eran auténticas. Para mí ése fue el momento, el momento en que las reconocí como verdadero arte”. Durante su etapa como rector de la Universidad de Alcalá de Henares (1984-2002) realizó una amplia tarea de difusión del arte africano, adquiriendo más de cien escaleras y puertas Dogón, que están expuestas en los sitios públicos, o de convivencia de alumnos y profesores:

“Compré obras de gran tamaño y no de mucho precio. No busqué la pieza única, sino esculturas que aportaran elementos representativos de esta cultura para su conocimiento”.

En su colección personal hay piezas de distintas culturas y distintos materiales – máscaras, terracotas, puertas, cerraduras, telas–, y cuando se le pregunta qué criterios ha seguido para reunirla y cómo la definiría, afirma: “Nunca he sido un comprador organizado, yo compro por impulso. Creo que lo más destacable es su autenticidad y diversidad, y que la hemos ido configurando siempre las mismas personas, algo que pienso da carácter y homogeneidad al conjunto”.

 

 
Home